Tempus Fugit, Javier Ruescas.
Alfaguara,
2010, 296 pp.
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Hanna
es una chica rara, muy rara: viste de forma extravagante, va por la vida en una
bicicleta… Y no ha utilizado las cabinas de teleporte ¡ni una sola vez! Lo
dicho: rara.
En
un mundo en el que todo se reduce a un paisaje de color hormigón, a la
comodidad del ciudadano hasta el punto de no caminar más de una calle, y la
protección y comodidad de estar encerrado en casa antes que salir a la calle
(no vaya a ser que empiece a llover), Tempus Fugit se alza como la empresa más
poderosa del planeta y Hanna como la chica más perseverante e inconformista del
mundo. En el buen sentido: Hanna está convencida de que esta gran empresa mueve
demasiados hilos, y además para mal, y está dispuesta a descubrirlos con las
manos en la masa. No anda lejos y, para confirmar sus sospechas, por su camino
se cruzarán dos chicos muy, muy diferentes: Pablo, un tipo salido de la Castilla
del siglo XVIII, totalmente perdido en un mundo en el que prácticamente no hay
campos que recorrer, y Kleid, un chico con estupendas habilidades que va por
ahí robando futuros, aunque no tenga ni idea- ni quiera tenerla- de qué hacen
con ellos. Cada loco con su tema pero, al final, todos los caminos se encuentran
y, por muy diferentes que sean, todos tienen algo en común.
El
artista es Javier Ruescas, licenciado en Periodismo, autor de otros libros como
Los Cuentos de Bereth (una trilogía), y Play (a punto de salir del horno la
segunda parte, Show). Se trata de una novela corta y de lectura muy ágil;
engancha y no tiene grandes momentos aburridos. Además, sigue un hilo conductor
ininterrumpido que hace mucho en favor del entretenimiento. Los personajes sí
dejan algo que desear, sobre todo los secundarios, aunque están bien
perfilados; tal vez porque es una historia rápida, quizá porque el propio autor
no los consideró muy importantes, pero parecen bastante incompletos, algo a
tener en cuenta dada la valiosísima información que pueden aportar los detalles
en un personaje, sea principal o secundario.
Me
gustaría destacar un detalle en cuanto a la configuración de la novela, y es
que, para cada capítulo, recuerda una sentencia referida al tiempo, dicha por
algún personaje relevante, que guarda una relación perfecta con el contenido de
cada capítulo y, además, hace pensar.
He
tardado un par de días en leer esta novela, me ha gustado, me ha entretenido y
me ha enseñado. Con que una obra tenga estos ingredientes, creo que es
suficiente para valorarla positivamente y empezar a subirle nota… ;) Tal vez
haya llegado un poco tarde y debería estar leyendo Play, pero ¡más vale tarde
que nunca! Y estoy ansiosa por tener entre mis manos Encantamiento de luna.
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