"El monstruo, dando un feroz aletazo, se lanzó sobre el
nativo, que esquivó el golpe y evitó la mortal dentellada. Pero la siguiente
acometida le dejó aturdido, flotando entre las aguas y a merced de su terrible
enemigo.
Pero en el momento en que el escualo se disponía a tragarse
al infortunado pescador de perlas, el capitán Nemo avanzó con el cuchillo en la
mano.
El tiburón giró sobre sí mismo para lanzarse contra su nuevo
enemigo.
El capitán Nemo, de un certero golpe, le hundió el arma en
el vientre.
El tiburón se agitó violentamente y el capitán, asido a una
de sus aletas, lo acribilló a puñaladas.
Sin embargo, el comandante del “Nautilus” cayó al suelo,
abatido por la gigantesca mole del escualo.
Eso hubiera significado el fin del capitán Nemo, si Ned
Land, rápido como el pensamiento, no se hubiera adelantado para, con su
cuchillo, rematar a la fiera.
Ned Land había salvado al capitán. Éste se levantó del
fondo, sin ninguna lesión, se dirigió al nativo, cortó la cuerda que lo unía al
lastre que llevaba para facilitar la inmersión y lo izó hacia la superficie.
Nosotros tres le seguimos y a los pocos instantes nos
hallábamos en la embarcación del indígena, el cual fue atendido por el Consejo.
Cuando el pescador de perlas abrió los ojos, no pudo
reprimir una exclamación de espanto y de sorpresa al ver las cuatro escafandras
inclinadas sobre él.
El capitán Nemo, sacando del bolsillo de su indumentaria un
saquito de perlas, lo depositó en las manos del asombrado nativo".
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