Un título de cuento, ¿verdad?
¡Cuántas veces me ha apetecido
lanzarme al mar de Internet y obtener como un pirata preciados botines hechos
de tinta y papel! Cuántas… He querido hacerlo cada vez que he oído rumores de
planes para fomentar la lectura o de facilitar el acceso a la cultura.
Me resulta gracioso escuchar cómo
algunos ponen el grito en el cielo cada vez que sale a escena el pirateo de
libros. Pero, señores gobernantes, editores, autores… ¿De qué se sorprenden?
Ilustraré mi profundo descontento con un ejemplo que os hará comprenderme a la
perfección, aunque muchos ya sabéis por dónde voy.
Una de las novedades del mes de
noviembre en literatura juvenil es B1terman,
de la editorial Montena y cuyo autor es Santiago García- Clairac. Su precio en
papel es 16’95 euros. No es un precio tan alto en comparación con otros libros,
sobre todo si ésos son de tapas duras, como la última novela de Ken Follet,
que cuesta casi 30 euros. Esto también me parece ofensivo, pero al menos tienen
una encuadernación decente. Pase que sean de distinta temática, que sean más
baratos así, pero las cubiertas que nos abren las puertas a realidades
diferentes como la de Delirium, Divergente, Los Juegos del Hambre, B1terman… Son cubiertas sumamente resbaladizas, demos gracias si,
incluso forradas, aguantan un soplido. Eso sin mencionar las faltas ortográficas,
que parecen querer invadirnos- me iría encantada por las ramas pensando cómo es
posible que en el mundo editorial a los correctores se nos tenga cada vez menos
en cuenta, pero lo dejaré para otra ocasión-. Volvamos a las cubiertas débiles
y resbaladizas. Como se nos ocurra pasar lo que estamos pagando por ellas a las
antiguas pesetas, probablemente nos enfademos más aún. Al menos antes no
teníamos que esperar a cumpleaños y Navidades para ir corriendo a la librería,
lista de novedades del año en mano.
Este libro tiene su versión e-book. ¿Cuál es su precio? Preparaos…
(Redoble de tambor). ¡11’99 euros! Debe resultar un arduo trabajo comprimir la
copia digital del libro en un zip o cambiarla de formato a uno más conveniente, para evitar que se convierta en botín de algún pirata. No sé cuántos empleados
serán precisos para tan pesada y difícil labor...
Cada cosa tiene su precio justo
aproximado. Alguien saca un beneficio exagerado de un derecho que todos
tenemos, o deberíamos tener, que es el acceso a la cultura. ¿Cuál es la
consecuencia? Si pudiera comprar tantos libros como me gustaría leer… Vamos a
quedarnos sólo con los libros que leo o puedo leer en un mes: pongamos que sean
cuatro, uno más, uno menos... Tendría que disponer de setenta euros al mes,
aproximadamente, para gastarlo en libros. Lo haría encantada pero, os confieso algo:
No los tengo. Y estoy segura de que la mayoría de los que están leyendo esto (y de
los que no) tampoco.
¿Qué hacemos entonces? ¿Nos comemos
las estanterías de las bibliotecas porque ya hemos terminado con los títulos
que nos gustaban? Tal vez podríamos ampliar horizontes, ir, por ejemplo, a por la
novela histórica, pero estamos en las mismas…
Queridas editoriales, que en mes de
paga extra, cumpleaños o Navidad, nos dais la vida, y al mes siguiente nos la
quitáis… Un consejo: no editáis sólo para ricos,
editáis para todos. Regaladnos el placer de leer más (y mejor), facilitadnos
ese tan restringido acceso a la cultura. Bajad los precios, y ninguno de
nosotros se verá obligado a surcar los mares cual pirata en busca de nuestros tesoros
de cubierta resbaladiza.
Mima Chicón.
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